Una cocacola y el plus, por favor”

 

Abro la ventana de este rinconcito de opinión, reflexiones y pensamientos con olor a gasolina (de esa que huele a gloria bendita), para echar un poco la vista atrás y recordar cómo nos informábamos del automovilismo deportivo, los que tenemos ya algunos años. Cuando internet, a nivel popular, ni estaba ni se le esperaba.

Con la prensa escrita especializada y la tv -de forma muy marginal-, como únicos referentes principales a los que acudir, -amén de programas muy locales de radio, y rincones en prensa escrita ya disueltas, liquidadas y extinguidas-, cada uno se buscaba las habichuelas como podía. En mi caso, y a finales de los 90, en primer lugar, asaltaba el Vips los miércoles por la tarde, en busca del santo grial. Autohebdo Sport (Q.E.P.D.) era la Biblia, el Corán y la Torá de todo quemado a este mundillo. No la leías. La bebías. Sorbo a sorbo, despacio, degustándola. Mejor que un Tinto de 98 puntos de la guía Parker.

Después estaba la Tv. La F1 era una cosa de frikis. O te buscabas algún bar guiri con satélite o nada de nada. “Rallysticamente” hablando Canal Plus. Sus programas resúmenes del WRC con José Antonio Ponseti y Luis Moya eran la excepción que confirmaba la regla. Si te tocaba la lotería haciendo zapping, podías trincar algún resumen del nacional de asfalto o de tierra en La2, de no más de 10 insuficientes minutos. Pero el caballo ganador eran las 20:00 horas de los lunes en la cadena de Torre Picasso. Ese lunes después de cada prueba del mundial, mi ritual se repetía. Entraba al mismo bar, en el que sabía que tenían aquel cacharrito negro con la llave blanca, y le soltaba al camarero un:

-Buenas tardes. Una cocacola y….. ¿me podría poner el canal plus, por favor?

– ¿El Canal Plus?, pero todavía no empieza el fútbol….

– No es fútbol lo que quiero ver. Es que dan un programa de Rallyes….

-Bueno, yo te lo pongo…

Por el Rallye de Portugal ya se enteraba de la película, y directamente me encontraba con el canal sintonizado… y la cocacola servida.

Y a los pocos años, se produjo el boom, el Big Bang tecnológico. (Aparte del boom Alonsista y su seguimiento por televisiones generalistas y calvorotas). Aparecía internet y con él, poco a poco, un mundo lleno de posibilidades, de información y de carreras. De muchas carreras.

Con semejante caldo de cultivo, comenzaron a proliferar espacios en lo que se informaba y compartía de todo en la red de redes. Y los Foros virtuales fueron el punto de partida. Y en nuestra región uno en particular: El Foro de Escudería Sur en la web de inforallye. Una auténtica Torre de Babel, una amalgama de opiniones, debates y también por qué no decirlo, algunas peleas dialécticas, que reunía a toda la familia racing andaluza.

Youtube, el canal de los videos, iba a ser otra pata del banco. Buenos aficionados que miraban su pasión a través de un minúsculo agujerito dándole al botoncito, minuto a minuto, de cada fin de semana, para después llegar a casa, montar y lanzar el resultado de esas horas solitarias en aquella curva soportando el sol o la lluvia. Por estos lares: Motor J, OTSVideosport (épicos sus “Si es que van como locos”), el amigo RafaScratchwrc, o ZaharaSportvideos –por citar algunos- comenzaban a subir videos para deleite de todos.

Pero a la vez, nacían proyectos románticos de papel como el de Alejandro Villena y su MotorAndaluz, con una salud excelente a día de hoy.

Con el paso del tiempo (y la mejora del invento), las organizaciones, federaciones y equipos deportivos abrían también páginas web, aplicaciones como Twitter, Instagram o Facebook representaban nuevas formas de difusión, a lo que habría que sumar el hecho de que cada uno de nosotros empezábamos a llevar en el bolsillo una cámara de fotos y video con conexión permanente.

Programas de radio –Podcast-, y de tv en Streaming, como el de La Cuneta o el de la propia FAA, también empiezan a tener una mayor repercusión.-

El tema ha evolucionado tanto, que si queremos, a través de WRC+ All Live, la plataforma en streaming del WRC, podemos montarnos en el Hyundai de Neuville, o en el Toyota de Ogier, en cualquier tramo que disputen del mundial, desde cualquier sitio.  Por 90 euros al año.

O seguir a pie de cuneta, las evoluciones de los nuestros, a través de Petroracing. Brujería hace nada.

¿Qué será lo próximo? Lo que sea, por muy imposible que nos parezca, nos hará emocionarnos con la trazada de un coche de carreras. Eso seguro.

Y para terminar con este primer A fondo y con fe, una confesión: El bar se llamaba Citroen….

Antonio Vallejo